agosto 15, 2022

El Pescador (capítulo III)

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Por: El Dr. Mauricio Loredo.

Víctor muy gentilmente tomó asiento en la silla de madera con respaldar hacia atrás, caoba de muchos años atrás.

María quien había ofrecido el café le dijo: Don Víctor, en este momento tengo la tetera en la estufa, deme unos tres minutos y le prepararé un café.

Víctor poco apenado le dijo: Esta bien doña María.

Ella desde adentro le dijo: – por favor no me llame doña, me hace sentir aún más entrada en años.

Al estar listo el café, ella trajo la cafetera y además un pan tostado con margarina y dos tazas medianas y finalmente se sentó.

Ella sirvió el café en ambas tazas y le preguntó: – Dígame don Víctor ¿a qué se debe su visita tan temprano?

Víctor, tomó un sorbo de café y se limpió sus labios con su antebrazo y le dijo: – Mire María, acabo de encontrar una carta de mi fallecida esposa, ella la menciona en esa carta a usted.

En ese preciso momento, mientras María, se iba a llevar la taza a sus labios dicha tasa se cayó y se derramó el café y ella se levantó poco contrariada y dijo: Perdone usted Don Víctor, no me siento bien, ella era una gran amiga para mí.

El se levantó de la mesa y sacó su pañuelo y se lo dio a Ella.

María empezó a hablar y le dijo: Le diré lo que pasó ese día, no es algo que quiera yo contar.

Glenda llegó muy emocionada, siempre me contaba sus cosas personales.

En ese momento Víctor le dijo: – por favor no deje de decirme a detalle todo sobre ella.

María le dijo: -¿Pero que puede ganar usted sabiendo eso del pasado?

Él  le respondió casi de inmediato: – darme cuenta lo tonto que fui y poder enmendar eso para un futuro, si es que Dios me da esa oportunidad.

Mientras él hablaba, ella le observaba su capote que se había puesto en plena madrugada, y aún no se lo había retirado, pues se veía el clima y las nubes amenazadas por Lluvia el sol aún sin poder salir.

Ella observaba a detalle el movimiento de sus ojos y sus ademanes con sus manos resecas y sus uñas gruesas.

Pudo notar que él estaba muy deseoso de saber y la forma en que lo dijera podría causar cicatriz o pelar aún más la herida.

Ella le inició diciendo: – Ella era una gran mujer y amiga, y esposa no digamos. Me compartía de sus alegrías siempre que venían juntos de la pesca y lo especial que usted era para con ella al momento de hablar en alta mar , donde solo el océano y los peces eran sus testigos de su amor .

El día que ella falleció, vino a buscarme, le dije que me esperara una media hora, pero la vi tan alegre y muy apurada que me dijo que me esperaría en el mangle de su amor. Yo le dije que estaba bien, pero que no se metiera hasta que yo llegara.

Fue así que ella se me adelanto al rio, algo que pude notar es que lucía tan radiante, era como ver su rostro en su mayor belleza, ella dijo algo así: «este es el día más maravilloso  de mi vida»

Y se fue corriendo como una niña, jamás había visto esa actitud en ella.

Yo termine lo más rápido que pude y me fui atrás de ella,  y al llegar al pequeño muelle , sentí que algo no estaba bien , pues no vi a nadie y su ropa no estaba tampoco en el muelle ni en el famoso Mangle que siempre ella añoraba, donde declararon su amor .

Víctor estaba atónito escuchando cada palabra de María, y las lagrimas estaban en sus mejillas, sus ojos vidriosos, aquel hombre de 1.80 metros lloraba al escuchar el último día de su esposa contado por su vecina, agregado a la carta que había encontrado.

Yo empecé a gritarle por su nombre, y solo se escuchaba mi eco, los monos eran los que aparecían y hacían mucho ruido como queriéndome decir algo, pero fue entonces que sentí que se me erizaron los pelos de mis brazos y salí corriendo a pedir ayuda al pueblo pues sabía que usted no estaba.

Víctor sonaba su nariz al escuchar esta parte.

La forma en que María hablaba era muy intrigante, pero sus razones tendría.

El se levantó y le preguntó: Dígame algo ¿usted cree que alguien más estaba por allí o dijeron si alguien más le había visto cuando se quitó su ropa o algo así? Ella le contestó: – recuerde que cuando la encontramos en la tarde estaba con su ropa completa puesta, era como si ella hubiese bañado así con todo su atuendo!

El sol se estaba empezando a ver en el área donde el sol se besa con el mar y de esa forma Víctor de quitó su capote viejo y ella lo tomó con mucho estilo y lo sacudió y lo colocó en el respaldar de la silla de él.

Víctor en ese momento le dijo: – María yo fui el que empujó a mi esposa a hacer esa locura , ella no tenía que haber venido aquí ese día , pero mi mala actitud y mi egoísmo pudieron más que yo y sentí alegría al decirle todo lo que le dije , pero me sentí más alegre al verla implorando que la dejase ir conmigo , pero allí fue donde Dios me estaba hablando , pero lo tomé aún más para alimentar mi orgullo y egocentrismo y con un no rotundo le dije : Ya te dije que No irás hoy y basta .

Víctor llevó sus manos a la cabeza y siguió llorando y contando su proceder a detalle de ese día.

María le tomó sus manos y le decía: no tiene por qué decir eso.

El al sentir las manos de ella, de inmediato las retiró y le dijo: no, no me acalle usted mi alma, sé que soy el único culpable de toda esta difícil situación, pero quiero enmendar todo este daño o al menos tratar de hacer algo.

Él le interrogó: – ¿sabía usted de nuestro bebé? Ella dijo : si , me contó que tenía 6 semanas de embarazo un día antes de todo , y lo que me puso a pensar es que dijo que ella estaba pensando en ir de pesca ese día para así decirle a usted y además decirle algo que había estado ocultándole por mucho tiempo , pues no hallaba la oportunidad de decirle , que ella había estado tomando anticonceptivos de manera que usted no se diera cuenta por el tipo de trato en la mayoría de veces que usted le daba y por eso ella no quería tener un bebé que viniera a sufrir junto a ella .

Víctor por un momento al escuchar dicha confesión pudo atar cabos , el porqué muchos años sin poder salir embarazada y todo por su carácter explosivo que prácticamente había en cierta forma dañado ese amor puro y verdadero que ella tenía hacia él.

Aquel hombre de facies poco rudas estaba prácticamente como un niño regañado llorando, solo que en este caso lloraba por alguien que jamás volvería a ver en esta tierra.

María le interrumpió en su pensamiento y le preguntó: – ¿cree que todo esto ha sido bueno saberlo o malo para usted? Pues no le había dicho nada ya que pensé que podría aumentar más su dolor y además si no me preguntaba no pensé en hacerlo.

Víctor le contestó: No María , no se preocupe , todo esto para mí me hace salir de este gran atolladero mental en el cual he estado viviendo todos estos años y mi orgullo de hombre y mi machismo ha hecho que nunca viera esas cualidades tan bellas en mi amada esposa .

Recuerdo que mi madre un día me dijo: «Hijo cuide a esa mujer, no será fácil encontrar a alguien con esas virtudes y sobre todo que le ame a usted así como se ve que ella le ama, no con palabras sino con hechos y sacrificio, haga usted lo mismo por ella».

María al escuchar esas palabras también empezó a rodar las lágrimas por sus mejillas, las cuales se limpió con sus dedos índices de manera muy disimulada, pero Víctor pudo notar eso también.

En ese momento Víctor le preguntó: ¿María ha pensado usted formar un hogar de nuevo en el futuro? Por favor me dice algún día si hace eso, yo sería uno de los que quisiera encabezar la lista deme la oportunidad de volver a comenzar. María estaba petrificada al escuchar esas palabras provenientes del esposo de su mejor amiga de años, y nunca pensó que esto podría estar ocurriendo. María se levantó contrariada de la mesa y le dijo: Don Víctor, creo que por hoy ya sabe suficiente sobre su amada esposa, por ahora debo seguir con mis labores, ah y no se me ha ocurrido pensar en iniciar de nuevo!  Víctor muy apenado se levantó y le dijo: – perdóneme si he sido muy grosero en decir eso, pero no es fácil vivir en la soledad y sobre todo sin tener la oportunidad de mejorar como hombre y esposo.

Víctor le dio la mano y le besó la frágil mano de María, quien se ruborizó por completo y se hizo para atrás y se puso su mano derecha sobre su nariz y tenía sus ojos enrojecidos.

Víctor salió de aquella pequeña casa y salió en dirección a la suya.

Continuará…